viernes, 12 de agosto de 2011

Colores

Sabía mucho más de esa copa de Rioja que de ti. Era de color cereza, granate oscuro o picota, con borde violáceo vivo. De aroma fresco, intenso, afrutado, varietal, con recuerdos a la zarzamora y las grosellas, ciertas notas florales, lácteas y anisadas. En boca bien constituido, cuerpo medio, sabroso y aromático, con taninos dulces, una acidez perfectamente integrada y persistente retro nasal.

Levantando los ojos de esa copa el color azul de lluvia fría del que se vestían tus pupilas al anochecer transformaba esa vida que tú creías color de rosa y que yo siempre vi negra, negra azabache, en gris, gris claro huyendo de la oscuridad. La oscuridad que se iba a dar cita con la noche, en apenas media hora, cuando el atardecer agonizante no volviera hasta mañana, víctima de una muerte temporal y fuera cómplice de nuestra locura. Locuras que con nocturnidad y alevosía se refugiaban y escondían en el asiento trasero del coche y que se metían por debajo de tu vestido hasta llegarte al alma, plaza donde el olvido no suele habitar y donde pido que me guardes el recuerdo para que no se me olvide.

El Vendedor de Versos.

jueves, 11 de agosto de 2011

Como los violinistas del Titanic

La alarma de la desesperanza es un estruendo que revienta tímpanos. Le pitan los oídos al mundo entero que ya no ve una luz al final del túnel.

Nadie apuesta por el cambio de la situación. La política ya es a ojos de la humanidad, una gran e indigna prostituta que se vende escandalosamente, y se entrega al fuego que más calienta.

Saben y sabemos que sea quien sea el capitán del barco no podrá impedir el impacto contra el gran iceberg del aciago futuro labrado por siglos de vergonzosa historia de la humanidad.

Y aquí está la España de cientos de miles de familias desahuciadas, esclavas, de vidas hipotecadas, de casas deshabitadas en manos de entidades financieras que prefieren el abandono de las mismas. Familias que ya apenas se rebelan y como en una trágica y feroz violación consentida ven impotentes cómo se les hunde la vida.

Y aquí sigue la España de los millares de jóvenes acampados, con los corazones despiertos clamando las verdades más manifiestas de nuestra historia, luchando por el fin de un sistema inmoral. Encadenados a la incertidumbre, a la falta de alternativas y de ideas, sometidos al cansancio de una lucha que trata de ser acallada, que es menospreciada e insultada por los medios controlados por los mercados y por todos aquellos que como carroñeros, siguen comiendo del cadáver de los desfavorecidos y viven a costa de ellos. Ahí siguen las plazas teñidas de los toldos del color de la esperanza esperando poder empezar a escribir esa hoja en blanco que es un futuro virgen y que aún nadie sabe por dónde coger.

Perciben y percibimos que algo va a pasar, que algo tiene que pasar. Una vez desenvuelto y hecho pedazos el bonito envoltorio en el que venía empaquetado el éxito, se ha hecho patente que era una gran mentira a la venta en supermercados, con ofertas y descuentos, con clientes VIP, tarjetas de fidelización y endeudamientos en masa.

Así, abrazados a la desesperanza, sabiendo que el barco se hunde, algunos se aferran a sus bienes, y otros lidian como pueden con la amargura, convirtiendo pequeñas alegrías cotidianas en motivos para seguir. Y siguen, siguen como los violinistas del Titanic aún sabiendo que el barco se iba a hundir.

Escriben y escribimos sobre el fin, sin miedo alguno, porque lo que tenga que venir sin duda será mejor que el templo de las desigualdades y las injusticias que hemos levantado. Desde fuera lo contemplamos en los últimos días, por fin, en ruinas se cae, se tambalea.

Que no te pille dentro.

El Vendedor de Versos.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Año bisiesto

La diferencia es que ahora escribo lo que pienso sin pensar en todo lo que escribo aunque aún no escribo todo lo que pienso. La laberíntica dinámica me permite fluir con facilidad un día y otro, en una imparable hemorragia de sentimientos, de pensamientos y de angustias que deben salir sin mucho maquillaje, exponerlos desnudos a sabiendas de sus virtudes y defectos sin temor a que todos sepan lo que llevo dentro.

Mas si el freno de escribir sólo cuando ya no puedo más sigue suelto, puede ocurrir que veintiún días de agosto no me basten y vivo con el miedo de que trescientos sesenta y cinco se me queden cortos, menos mal que nos regala un día el año bisiesto.

El Vendedor de Versos.

martes, 9 de agosto de 2011

Salvación

Quieren que me salve porque cada vez que me hundo en el abandono vienen a rescatarme. Ellos quieren que deje atrás los caminos repletos de trampas, de lodo y de falsas promesas. De noches trágicas, de copas, de aplacar mis ganas entre piernas frías, de rozar el ridículo cuando crees estar en la cima. Quieren que pruebe que otra vida puede satisfacerme más. Me recuerdan que es un crimen desaprovechar juventud e inteligencia al servicio del sistema que no es que se vaya a hundir sino que ya hace aguas. No quieren que sea como los demás, que acabe como los demás, y pase lo que pase sé que sabrán que yo no soy ni era como todos. Dicen que aún puedo volver y me animan a hacerlo. No me reprochan, no me rechazan, no menosprecian.

Ellos quieren que me salve y yo quiero salvarme, hoy sí quiero salvarme.

El Vendedor de Versos.

lunes, 8 de agosto de 2011

Para la maqueta "Sonrisas y lágrimas" de Zwit

Reflejar los extremos de la vida dejándose de medias tintas. A riendas de la pasión, de los versos como amantes que vistieron negras noches. Medicina de cuadernos que paliaron depresiones que dejaron de serlo cuando se diluyeron a golpes de bombo y caja. Fluyendo como si el dolor sangrara solo y se fuera por el desagüe. Luciendo los desaires de la vida hechos poesía, nada más bello que eso, convertir dolor en arte, por amor al arte y sin poner un precio. Acróbata del tiempo, asumiendo los vaivenes de los estados de ánimo, conscientes de que al fin y al cabo no son más que eso. Sin buscar el agrado de nadie, ni de disfrazar las rimas para vender, en una estrofa cabe un mundo, qué más da si nunca lo llegarán a comprender. Siéntete invitado a subir por este viaje de introspecciones, para que entres a este mundo sin ser visto, dejando que cual voyeur te excites mientras el alma se desnuda, cuando la pena permanece muda, para romper las reglas del juego previsto.

El Vendedor de Versos.

Publicado para la maqueta “Sonrisas y lágrimas” de la MC barcelonesa Zwit en 2010 producido por Conlopuesto Producciones.

domingo, 7 de agosto de 2011

Corrientes etílicas

Lo noto mirándote, qué difícil es, pensándote y maldiciéndote volvía haciendo eses.

El frío me calaba sin permiso, mis SOS eran ignorados, me olvidaste sin previo aviso, murieron nuestros recuerdos desangrados.

Esto no tiene sentido ninguno, un día y otro más idénticos, comiéndote mi corazón de desayuno sentiste que mis latidos eran auténticos.

El reloj de la cocina se ha parado y que se pare el del mundo también. El capital mantiene el amor varado y yo mataría tus miedos pero no soy quién.

Exprímeme y con la última gota quizá puedas saciar tu sed, escucha bien la última nota porque es posible que ya no siga a tu merced.

El Vendedor de Versos.

sábado, 6 de agosto de 2011

Amor, Dios y muerte

Quieren cambiar el mundo pero lo de este mundo es irreversible. Ni los decorados, ni las pantallas, ni las celebrities nos hacen olvidar que desde el más chico hasta el más viejo, durante toda nuestra existencia, tres palabras nos zarandean violentamente, como si tres preguntas vitales fueran las raíces que nos conectan con la tierra. Tres palabras sobre las que a lo largo de la historia han versado los poetas, han discurrido los sabios, han malhablado los necios, han despreciado los ricos, y han reinventado los míseros e incluso llevan marcados en su seno los no nacidos. Sobre amor, Dios y la muerte. Atrás y como meros decorados quedan la política y los mercados, los mitines y la publicidad, las mentiras y los datos macroeconómicos.

Del amor sé más bien poco, y como droga muy adulterada no me atrae probarla todavía.

De Dios sé muchas cosas pero el amor del que carezco es culpable del poco ejercicio de mi fe.

Y de la muerte sé más de lo que quisiera y es un monstruo gigante que ha barrido a tanta gente importante que me provoca mucho más odio que miedo.

El Vendedor de Versos.

viernes, 5 de agosto de 2011

Hendrick's con tónica

¿Y si se hace tarde mañana y ya no puedo salvarme? Tengo que parar que llevo cuatro de más y quizá no me sobren solo copas. No quiero que mi espíritu baile al son de sus antojos. Bastardo como él solo me arroja al precipicio y no se sonroja ni le dio vergüenza hacerlo desde un principio. Me da lo mismo, me bebo otro Hendrick's con tónica. Hoy ya no quiero salvarme y el mundo entero me cabe en un trago.

El Vendedor de Versos.

jueves, 4 de agosto de 2011

Juegos malévolos

De pequeño organizaba y dirigía las vidas de mis muñecos. Decían lo que yo quería que dijeran, hacían lo que yo quería que hicieran, actuaban como yo les mandaba que actuasen. Les montaba sus historias, escribía sus guiones y preparaba sus decorados. Decidía sus amores, quién moría y quién vivía, quién ganaba o quién perdía.

Jamás imaginé que esos juegos se pudieran volver malévolos cuando de mayor hay tantos que siguen jugando a ellos.

El Vendedor de Versos.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Aún recuerdo, aún me arrastra

Aún recuerdo el segundo exacto en el que moría mi infancia desangrada. Aún recuerdo, aún me arrastra.

Aún recuerdo el segundo exacto en el que me despedía de ti para volverte a ver y ya no te vi más. Aún recuerdo, aún me arrastra.

Aún recuerdo el segundo exacto en el que me dijeron que habías muerto. Aún recuerdo, aún me arrastra.

El Vendedor de Versos.

martes, 2 de agosto de 2011

Veintiún días

Podría escribirte veintiún días seguidos hasta que el tiempo me recuerde que me queda un año menos. Y hacerlo rápido sin pensar, sin adornarme, tal y como nace la poesía abandonada en cubos de basura y nacen los versos en el vientre de una puta.

Podría dejar pasar todos los trenes a sabiendas de que hace muchos que el tuyo ya pasó de largo. Seguir fumándome la vida que sigue prometiéndome y nunca cumple nada.

Podría empezar de cero, pero si tengo que empezar de cero, empezaré en tu vientre como Charly. Leerte cada noche cuentos, y que tú me regales sonrisas intangibles que negligentemente se vuelven inmortales en mi memoria y me intoxican de nostalgia matándome poquito a poco.

Podría caer en el círculo vicioso de arrastrarme y desgarrarme sin tener claro que a estas alturas aún te merezcas mi sangre. Buscarte como un perro abandonado, con la cara triste y más perdido que el pobre diablo que pide dinero para drogarse en la esquina donde nos besamos por primera vez.

Podría mandarte mensajes en una botella, pero antes me bebí tantas para mandártelos que ya no recuerdo bien qué es lo que quería decirte.

Voy a escribirte veintiún días seguidos hasta que el tiempo me recuerde que me queda un año menos para encontrarte.

El Vendedor de Versos.

lunes, 1 de agosto de 2011

Conmigo

Rompería tus esquemas, te contagiaría mi adicción al caos mordiéndote la yugular. Emborracharía tu conciencia tanto como hice con la mía, yacería muerta y creeríamos en la nada. Divagaríamos livianos, flotaríamos efímeros, nos perderíamos ausentes. Nos destruiríamos juntos, y nos haríamos el amor como si muriéramos mañana.
Quizá por eso no haya decidido proponerte que destroces tu vida conmigo.

El Vendedor de Versos.

domingo, 31 de julio de 2011

Tragicomedia

Qué tragico sentir que las paredes se te echan encima y se convierten en zulo, aunque sean casi cien metros cuadrados los que te rodean y en los que vives. Qué cómico que se hipotequen treinta años de vida por comprarlos. Qué tragico que resulte tan trágico estar tan solo. Si nadie llena las habitaciones y los espacios de esta casa para qué quiero yo una hipoteca. Qué cómico, porque me hipotecaría toda la vida para pagar a plazos una casa llena de felicidad compartida contigo.

El Vendedor de Versos.

jueves, 21 de julio de 2011

Números primos

Ya no recuerdo la última vez que sentí tan apremiante la necesidad de escribir. La sensación de tener que hacerlo cuando apenas hace una hora que te marchaste. Quizá porque llenas mis espacios vacíos completándolos como nadie, encontrando piezas de mi rompecabezas desordenado. Y aunque no sea ahora quisiera que siguieras llenando mis espacios. Tú vives en una canción de Bon Iver o de Ferraby Lionheart, tú vives en cada verso de Charly Efe. En mí, en mis soledades, en las mañanas que no estés, en los momentos que vendrán y serán menos perpetuos si no los comparto contigo. No estarás vistiendo de sencillez ni con sonrisas la artificiosidad de los días tristes, en los que nada pasa.
Y así, sin esperarlo, como vienen las cosas importantes que apenas se imaginan apareciste. Fugaz como el beso que te di con la excusa más burda del mundo, quedándome trastocado preguntándome por qué antes no te di cien más como esos.
Tú y yo somos dos números primos como en la novela de Paolo Giordano, separados siempre por un número par que reside en tu mente y te sigue haciendo daño, y que nos distancia y no permite tocarnos.
Te echaré de menos.

El Vendedor de Versos.

martes, 12 de julio de 2011

Adoquines

Cuando era pequeño jugaba a no pisar las juntas de los adoquines y avanzaba a saltitos como si hubieran minas antipersona en el suelo. Hoy me siento incómodo, como si de niño hubiera errado algún paso y hubiera pisado la junta que no quería pisar y hubiera perdido ese juego en el que yo mismo era mi único rival.
Esta vida de adulto no deja lugar para juegos de niño y solo permite la vida en el espacio que nos dejan la espada y la pared. No deja lugar al sueño ni la utopía ni al "yo de mayor quisiera ser". Porque quieres ser y no puedes, porque cuando me explicaban que la vida era difícil yo no me imaginaba cómo de difícil era y año tras año crezco y el sufrimiento advertido se queda corto.
Ojalá asumiera la rutina y la vida adulta como mía, como la que quiero vivir. La vida de la hormiga trabajadora que solo tiene en mira pan y refugio. Afiliado al caos no quiero vidas estables que el mundo inestable aplauda. No quiero considerarme afortunado porque estoy integrado en la sociedad y un empleo. Aún mantengo guardadas las ganas de vivir, de sentir, de viajar, de no tener nada claro ni aferrarme a la seguridad ficticia. No puedo tolerar el sentimiento que me sobrevino al cruzar plaça Catalunya donde los "indignados" que deberíamos ser todos luchaban contra una marea que tristemente acabará por volvernos a arrasar. El sentimiento de no estar haciendo nada, de no sentir ganas de rebelarme contra la injusticia más desaforada, el sentimiento de ser parte del terrorífico cuento que convierte personas en brazos impulsores del crecimiento a cualquier precio.
Esa vida monótona que se asemeja tanto a aquellas juntas de los adoquines que no quería pisar cuando era pequeño.

El Vendedor de Versos.