domingo, 31 de julio de 2011

Tragicomedia

Qué tragico sentir que las paredes se te echan encima y se convierten en zulo, aunque sean casi cien metros cuadrados los que te rodean y en los que vives. Qué cómico que se hipotequen treinta años de vida por comprarlos. Qué tragico que resulte tan trágico estar tan solo. Si nadie llena las habitaciones y los espacios de esta casa para qué quiero yo una hipoteca. Qué cómico, porque me hipotecaría toda la vida para pagar a plazos una casa llena de felicidad compartida contigo.

El Vendedor de Versos.

jueves, 21 de julio de 2011

Números primos

Ya no recuerdo la última vez que sentí tan apremiante la necesidad de escribir. La sensación de tener que hacerlo cuando apenas hace una hora que te marchaste. Quizá porque llenas mis espacios vacíos completándolos como nadie, encontrando piezas de mi rompecabezas desordenado. Y aunque no sea ahora quisiera que siguieras llenando mis espacios. Tú vives en una canción de Bon Iver o de Ferraby Lionheart, tú vives en cada verso de Charly Efe. En mí, en mis soledades, en las mañanas que no estés, en los momentos que vendrán y serán menos perpetuos si no los comparto contigo. No estarás vistiendo de sencillez ni con sonrisas la artificiosidad de los días tristes, en los que nada pasa.
Y así, sin esperarlo, como vienen las cosas importantes que apenas se imaginan apareciste. Fugaz como el beso que te di con la excusa más burda del mundo, quedándome trastocado preguntándome por qué antes no te di cien más como esos.
Tú y yo somos dos números primos como en la novela de Paolo Giordano, separados siempre por un número par que reside en tu mente y te sigue haciendo daño, y que nos distancia y no permite tocarnos.
Te echaré de menos.

El Vendedor de Versos.

martes, 12 de julio de 2011

Adoquines

Cuando era pequeño jugaba a no pisar las juntas de los adoquines y avanzaba a saltitos como si hubieran minas antipersona en el suelo. Hoy me siento incómodo, como si de niño hubiera errado algún paso y hubiera pisado la junta que no quería pisar y hubiera perdido ese juego en el que yo mismo era mi único rival.
Esta vida de adulto no deja lugar para juegos de niño y solo permite la vida en el espacio que nos dejan la espada y la pared. No deja lugar al sueño ni la utopía ni al "yo de mayor quisiera ser". Porque quieres ser y no puedes, porque cuando me explicaban que la vida era difícil yo no me imaginaba cómo de difícil era y año tras año crezco y el sufrimiento advertido se queda corto.
Ojalá asumiera la rutina y la vida adulta como mía, como la que quiero vivir. La vida de la hormiga trabajadora que solo tiene en mira pan y refugio. Afiliado al caos no quiero vidas estables que el mundo inestable aplauda. No quiero considerarme afortunado porque estoy integrado en la sociedad y un empleo. Aún mantengo guardadas las ganas de vivir, de sentir, de viajar, de no tener nada claro ni aferrarme a la seguridad ficticia. No puedo tolerar el sentimiento que me sobrevino al cruzar plaça Catalunya donde los "indignados" que deberíamos ser todos luchaban contra una marea que tristemente acabará por volvernos a arrasar. El sentimiento de no estar haciendo nada, de no sentir ganas de rebelarme contra la injusticia más desaforada, el sentimiento de ser parte del terrorífico cuento que convierte personas en brazos impulsores del crecimiento a cualquier precio.
Esa vida monótona que se asemeja tanto a aquellas juntas de los adoquines que no quería pisar cuando era pequeño.

El Vendedor de Versos.

lunes, 20 de junio de 2011

Cotidianidad es poesía

Cotidianidad es poesía. Los días esconden una máscara de belleza que a veces reviste la rutina, la desnuda de su mediocridad, la hace especial. Hay que encontrar los detalles que convierten los días en magia vulgar y que no por eso deja de ser magia. Desde la luz que se cuela por la persiana, hasta el ritual de la ducha por la mañana, del olor de café y las noticias de la tele. La belleza de la cotidianidad no debe pasarnos inadvertida. Si hasta la Coca-cola sabe diferente en botella que en lata o que en vaso. Cada día tiene sus matices, sus disfraces, sus vaivenes.
Cotidianidad es poesía.


El Vendedor de Versos.

martes, 17 de mayo de 2011

Chardonnay

Saborear un Chardonnay y sentir que por momentos la vida tiene sentido cuando comparto mi tiempo con vosotros. Sentir los aromas frescos y afrutados y olvidarse de amarguras, tomarnos la vida a broma, beber y tomarnos nuestros problemas a broma. Notar que el tiempo no pasa por mucho que corra cuando volvemos a reunirnos y nos volvemos a ver. Andar por una Barcelona que nos acoge, porque parece que quiere alojarnos, ser el escenario de nuestros recuerdos. Ir con Raquel y contarle en el coche mis desesperaciones y sentirme un poco loco, consolarme desahogándome y siendo sincero porque con ella puedo. Y vuelvo a sentirme feliz por esos momentos que parecen cortos porque la pena es muy larga pero parece que aprieta menos si no cambian las personas que me importan.

Hablar de coger el portante con Mary, de las ganas de huir y escapar de los valores inmorales de occidente. Compartir mesa con vosotras y con Alejandro, que es ese tipo de personas nobles, una especie en extinción con las que da gusto rodearse. Mientras media ciudad sale a la calle para celebrar con jarana la Liga de su equipo, celebro que el mundo entero se pare y me sepa dulce, por todo ello, gracias.

Para Raquel, Mary y algunos de los que no estuvieron pero están.

El Vendedor de Versos.

lunes, 2 de mayo de 2011

Diarios y mentiras

Veo a locos, Don Quijotes. Enloquecieron o perdieron al juez y el juicio leyendo lecturas ilegibles cuando no fue todo junto. Don Quijotes y doñas Quijote leen de bien tempranito modernas novelas caballerescas que secan la masa gris, ennegrecida poquito a poco. Y aunque las lecturas no tengan ni pies ni cabeza se dejan llevar por el suicida abandono hacia la ignorancia. Muere poquito a poco su capacidad de pensar. Es como la muerte lenta del fumador, al que día a día unas caladas más no matan. Es como si la muerte cuando es a dosis pequeñitas no doliera tanto. Y desde primera hora las noticias de los locos y sus Don Quijotes lectores habitan por doquier. Llaman desde las barras de los bares del barrio entre cafés con leche y pastas, entre pinchos y discutidores que pinchan. Esperan en las mesitas de las mesas de espera, traspasan las permanentes de las señoras en las peluquerías, alimentan con cifras turbias la mente turbia de los oficinistas, enseñan a los profesores lo que luego enseñarán a sus alumnos. Nos cuesta tener fe, apenas quedan reductos de ella, pero somos más crédulos que nunca.
A mí los anuncios me suenan a chiste igual que las noticias, y a lo mejor no recuerdo, pero juraría que leí algunos surrealistas "loco busca cuerda a la que atarse y ahorcarse; hombre con complejo de tren busca vía férrea a la que arrojarse; se vende parcela con esposa incluida, niños opcionales; Libertad, ardiente, busca hombres jóvenes; niña llamada Esperanza dice que la perdió el mundo; hombre vende Volkswagen semiviejo por ataques de nostalgia al recordar lo que pasó en aquellos asientos traseros; se vende Cristo por crisis de fe; urge camarero, turnos de veinticuatro horas al día los trescientos sesenta y cinco días del año, libra en años bisiestos.
Juraría que yo leí algunos de estos. Lo que no podáis creer, sea quizá, que leí peores pero para no crear disputas me los voy a callar.



El Vendedor de Versos.

sábado, 30 de abril de 2011

El tren del miedo

Conozco muchas formas de autocastigo. Ocupo algunos minutos de los días que paso encerrado en casa buscando cosas para torturarme. A veces encuentro fotografías de hace unos años, no muchos. Pero lo cierto es que apenas tres o cuatro años alcanzan para transformarlo todo como si hubiera barrido el paso de décadas. Esas fotografías, parecen guardar dentro de ese adolescente que era, un rastro que advierto de la desaparecida inocencia que siempre tengo en boca. Que siempre tengo en boca porque ya apenas me roza.
Cómo cuesta ahora reconstruirlo todo y querer volver a ser, a parecerme un poco más a quien era. Qué recuerdos de cuando sabía querer en aquellos primitivos correos de dos o tres chicas que me quisieron también.
El principio de mi historia con personas que se han convertido en pilares de mi existencia y que me aúpan cuando me creo nada.
No puedo dejar de asustarme, sucumbir al llanto callado por no molestar, pero este monstruo que se llama tiempo sigue dándome mucho miedo.
Este tiempo es como un túnel de feria que promete horror y siempre asusta. Qué pantomima pensar ahora en aquellos payasos con caretas feas que a escobazos reproducían una burda imitación del miedo.
Miedo es eso, el paso del tiempo y no tener nada entre las manos. Recordar que ya se terminó mi adolescencia aunque aún me dé la risa tonta y a veces sea loco. Sigo bebiendo esa bebida de inmadurez que sabe dulce entrando en boca y deja amargo cuando pasa el trago.
Y el tren del miedo y el tren del tiempo da vueltas y vueltas hasta que la muerte o el fin lo pare, pero monótono las vueltas ya no me pintan igual de bonitas que antes.


El Vendedor de Versos.

martes, 12 de abril de 2011

Sabías volar

Vos lo dijiste/nuestro amor/fue desde siempre un niño muerto/sólo de a ratos parecía/que iba a vivir/que iba a vencernos/pero los dos fuimos tan fuertes/que lo dejamos sin su sangre/sin su futuro/sin su cielo/un niño muerto/sólo eso/maravilloso y condenado/quizá tuviera una sonrisa/como la tuya/dulce y honda/quizá tuviera un alma triste/como mi alma/poca cosa/quizá aprendiera con el tiempo/a desplegarse/a usar el mundo/pero los niños que así vienen/muertos de amor/muertos de miedo/tienen tan grande el corazón/que se destruyen sin saberlo/vos lo dijiste/nuestro amor/fue desde siempre un niño muerto/y qué verdad dura y sin sombra/qué verdad fácil y qué pena/yo imaginaba que era un niño/
y era tan sólo un niño muerto/ahora qué queda/sólo queda/medir la fe y que recordemos/lo que pudimos haber sido/para él/que no pudo ser nuestro/qué más/acaso cuando llegue/un veintitrés de abril y abismo/vos donde estés/llevale flores/que yo también iré contigo.


Fragmento del poema "A la izquierda del roble" de Mario Benedetti.


Sabía que tu mensaje iba a llegar pero no quise creérmelo y envié cientos de ellos antes de que el último llegara.


Y a pesar del final, llegamos a ser todo aunque el recuerdo ignore aún que nos quedamos en nada. Sabes tan bien como yo que hay marcas que no se borran ni queriendo. Ni queriendo quererte fui yo el que se te quedó dentro.


Podría seguir luchando. Coger el próximo tren para pedirte que me digas adiós para siempre mirándome a los ojos. Pero no voy a buscarte por miedo a que mintiéndome seas capaz de decirlo.


Quiero pensar que fuiste solamente la musa pasajera que me inspiró en cuatro textos. Quiero pensar pero no puedo, porque te quiero y sé que tú eres mucho más que eso.


Las letras me salen retorcidas y las noches me vuelven a dar miedo. El whisky consolador vuelve a llamarme pero este dolor me lo trago sin anestésicos.


Sin mí serás feliz porque eres muy buena inventora, y sé que podrás inventarte que solo fui un recuerdo venido a deshora. Un recuerdo que incordia, un recuerdo venido a más, algo que se saca de quicio y ya no puedes volver a encajar.


Quiero que me guardes por trocitos en tu nostalgia, por fascículos en tu memoria, como polvo en tus estanterías. Quiero que sientas lo mismo al recordarme que cuando abro el cajón donde guardo las cosas de cuando era niño, y me mata la nostalgia pero me siento feliz al recordar.


Sé que nunca sabremos cuánto podríamos haber sido y que es una pena, pero aunque sepas volar, no verás nunca "El lado oscuro del corazón" conmigo.




El Vendedor de Versos.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Chau número tres

Te dejo con tu vida
tu trabajo
tu gente
con tus puestas de sol
y tus amaneceres

Sembrando tu confianza
te dejo junto al mundo
derrotando imposibles
segura sin seguro

Te dejo frente al mar
descifrándote a solas
sin mi pregunta a ciegas
sin mi respuesta rota

Te dejo sin mis dudas
pobres y malheridas
sin mis inmadureces
sin mi veteranía

Pero tampoco creas
a pie juntillas todo
no creas nunca creas
este falso abandono

Estaré donde menos
lo esperes
por ejemplo
en un árbol añoso
de oscuros cabeceos

Estaré en un lejano
horizonte sin horas
en la huella del tacto
en tu sombra y mi sombra

Estaré repartido
en cuatro o cinco pibes
de esos que vos mirás
y enseguida te siguen

Y ojalá pueda estar
de tu sueño en la red
esperando tus ojos
y mirandoté

El poema que me escribió para ti Mario Benedetti.

martes, 29 de marzo de 2011

Yo soy

Yo soy el de las medias tintas, el de los proyectos inconclusos, el de las promesas incumplidas. El que pronunció siempres que se convirtieron en nuncas, el que dijo síes cuando eran noes, el que prometió versos que jamás se escribieron.

Yo soy el egoísta complacido que tuvo a bien todo mientras no miró más allá de su ombligo. El que miraba con desdén el mundo entero y quemaba la basura de fuera sin buscar antes sus residuos dentro.

Yo soy el que aprendió sin saber muy bien cómo a distanciarse de su vida, como si sus actos no fueran con él. El que se sentía actor mientras todo era película hasta que se dio cuenta de que su sangre no era de mentira.

Yo soy el que busca en los espejos la mirada del niño que fue. Soy el que se siente solo más a menudo que el llanero solitario, el que llora por dentro y se ahoga en un vaso de lágrimas. El que esconde las inseguridades bajo un burdo disfraz de prepotencia, y que sabe además sin mirarse lo mal que le queda.

Yo soy el que no sabe amar y el que todavía no ha aprendido. Soy el que habla de amor y solo piensa de olvido. Soy el que hablaba de valores y amores perdidos, los mismos que traicionó uno por uno escondido. El tipo al que todo le importa un bledo, el que se autodestruía en los lavabos, el que vomitaba besos que no sentía sobre labios fríos que no respondían.

Yo soy el que recuerda a quienes se han olvidado de mí. Yo soy el que ha olvidado a todos los que me recuerdan.

Yo soy el que no le encuentra ningún sentido a este mundo.

Yo soy presente que quiere ser pasado para abrazar en paz al futuro.

El Vendedor de Versos.

viernes, 25 de marzo de 2011

La dictadura

Lejos ya del único canal televisivo de la dictadura, enciendo la pantalla y tengo a mi alcance cuarenta canales gratuitos. Igualmente monotemáticos y fraudulentos que hace cuatro décadas desde el NODO, hago zapping y encuentro una oferta insultante. Infinidad de opciones que van desde el más repugnante amarillismo al puro insulto de la dignidad y la inteligencia humana. El pueblo aplaude el contenido que a la dictadura le interesa difundir. El pueblo celebra mediante audiencias millonarias su programación. Y entiendo como programación también, la que se produce en la mentalidad social a través de la nutrición que su ocio proporciona. Y es que somos lo que comemos, y el cerebro también come. Y come mierda. Crían polvo los versos de los poetas en las estanterías. Crían malvas las utopías, las emociones y el amor.
Reinventada la dictadura, se refunda aún cuando está más que probada su invalidez. La dictadura global de los mercados y del sector financiero, del capitalismo desaforado, ha conducido a una crisis sistémica que requiere un cambio y no una burda serie de operaciones estéticas.
La dictadura repite mediante su infinita hipocresía el uso de guerras en nombre de la libertad. La misma libertad que predican, no es otra que la del cambio de dictadura que tanto interesa a la dictadura global. No es para nada sorprendente la resolución de la ONU si de un país árabe se trata, para iniciar una guerra descontrolada y con muertos civiles que nadie lamenta si sus cadáveres llevan marcados la firma de las Naciones Unidas. Mientras, Costa de Marfil también se desangra. Mientras, dictaduras criminales de amigos de occidente perpetran horrores en África y en Asia, en Suramérica, incluso en países de Occidente, en manos de gobernantes asesinos. Y siempre habrá atrocidades silenciadas si a la dictadura de los mercados interesa.
La educación mal llamada, se torna en instrucción formativa orientada al éxito y mantenimiento de la dictadura. Y las bases del cambio se vuelven inexistentes porque la base de las futuras generaciones ya está podrida.
Los brazos de la resistencia yacen cortados en arcenes. La juventud rendida y aletargada bajo el manto de las redes sociales y el consumo, bajo la indulgencia y la indiferencia regada de egoísmo, no habla ya de revolución, mucho menos de responsabilidad social. Qué lejos nos quedan Martin Luther King, Mandela o Ghandi.
Los artistas comprometidos pasaron a la historia y se venden por subir al pedestal de la dictadura. Su repercusión social solo es un vehículo, un medio que tiene como fin aumentar su codicia. Silencio y superficialidad a cambio de dinero.
Los movimientos políticos corruptos y enfermos de poder siguen riéndose mientras roban y permanecen sentados viviendo de los recursos de todos.
La dictadura de hoy se viste de libertad. Se viste y esconde tras las multinacionales, la banca y el sistema financiero. Se maquilla y se vende desde sus medios de comunicación.
Y nosotros, cómplices de sus espantosas obras y responsables de su continuidad, seguimos aplaudiendo, cambiando de canal si algo no nos gusta. Y ese es el acto de cambio más revolucionario que se lleva a cabo, sentado desde un sofá.

El Vendedor de Versos.

domingo, 27 de febrero de 2011

Viento polar

Afuera sopla y cuenta historias el viento polar. La calefacción le va ganando la partida al frío. El jazz ayuda a caldear el ambiente. El colchón es blando y parece que quiera absorberte en cuanto entres en un sueño profundo. Tengo unos libros amontonados encima de la mesa recordándome que tenemos cuentas pendientes. No tengo televisión. Tampoco tengo internet. Puedo leer, escribir o limpiar maniáticamente mientras pasa el tiempo muerto. Salir a correr hasta quedar exhausto por los impresionantes jardines reales. Volver. Entrar a mi casa escondida detrás del mercado municipal. Sentarme en el sofá y degustar versos que vienen desde Argentina.
En la calle las tiendas son pequeñas y todavía no terminan de faltarle el respeto a la memoria nostálgica de como fueron antaño. Aún se puede ir a comprar el pan y que detrás del mostrador te atienda un tendero de los de toda la vida. Las calles las recorren familias, domingueros y turistas. Los asadores se llenan y la atmósfera se niega a respirar de los aires de apocalipsis que venden los periódicos. Los pulmones aplauden el aire puro que los llena. El viento polar limpia las brumas mentales altamente contaminantes.
Ahora estoy donde sopla el viento polar, que tiene los días contados. Ahora estoy donde la primavera pide paso y llama tímidamente a la puerta de las estaciones pidiendo protagonismo. El mes de marzo me sirve en bandeja nuevos sabores de vida. Sabores que parecen dulces y terminan con un toque amargo que no tendrían si no te echara tanto de menos.

El Vendedor de Versos.

jueves, 17 de febrero de 2011

Notas olvidadas

"Mi patria son las palabras. Tal vez pueda concebir mi infancia como una patria que me queda lejana, el tiempo borra muchos recuerdos. Quizá ya no tenga bandera."

"La fe es un valor sólido que si no se alimenta se quebranta y acaba por morir. La mía se resquebrajó. Más pronto que tarde debería recomponerla con los pedacitos y las cenizas que guardo en los bolsillos."

"El llanto es la señal de que la conciencia sigue viva. Yo no lloro."

"Me gusta parar el mundo o pararme yo mientras se mueve el mundo. Y entre los vaivenes, los ajetreos y estreses, las aglomeraciones y las prisas, me pregunto: ¿Y todo esto para qué?"

"La humanidad nos hace humanos. La sociedad nos hace animales."

"Piensa en el coche de tus sueños. En la casa de tus sueños. La mujer de tus sueños. El viaje de tus sueños. Apaga la tele. ¿Has pensado en tus sueños?"

- Párate, párate. ¿Dónde vas?
- A ninguna parte.
- Vámonos, te acompaño. Al fin y al cabo iba a acabar yendo hacia allí.

"Los medios de comunicación incomunican".

"La belleza física la determina el brillo de la mirada".

"Dime con quién andas y te diré quién eres... Pero, si ando solo, ¿quién soy?"

"Es ruido el silencio y compañera la soledad."

"Pobre mundo mío que más que avanzar decrece, donde el amor es una sombra, donde la fe fenece".

"Nos venden hasta lo imposible, incluso nos hablan de la organización del caos y el éxito del fracaso."

La ambición del cobarde, la razón de la causa, la nariz herida,
el tiempo que fluye y huye la pausa.
La cordura del loco, las cuerdas que atan, corro si me equivoco,
lucho cuando me maltratan.
La infancia de una puta, el éxito de la derrota, amaneceres oscuros,
el rey es un idiota.

Corrígeme si me equivoco, me sabe a euforia la boca,
párame si me acelero, lo que hay no es lo que toca.
Vamos a tender puentes que nos lleven por tu camino,
derribaremos los muros, reinventaremos nuestro destino.

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Se auguran tiempo mejores, los peores ya se han ido.
Me tortura la idea de lo que no fue pero pudo haber sido.
No te disgutes conmigo, nadie sabe más de tus embustes,
haciendo con mis palabras el olvido.
Fui un trilero del verso, aún impaciente te persigo,
el ladrón de guante blanco merodeante por tu ombligo.

(Frases y notas que encontré, escritas entre 2009 y 2010)

El Vendedor de Versos.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Inconexiones

Un despertador inexistente alarmó la conciencia dormida. Y me recordó quién soy. No sé lo que quiero ser pero sí sé todo lo que no quiero llegar a ser. No puedo vivir sin fe, no puedo ceder a la independencia y al egoísmo. Yo mismo no puedo ser mi motor, porque solamente soy uno más y puedo morir mañana. Por más que desee, por más que me angustie este sistema, mi esfuerzo y mi lucha no podrán cambiar apenas nada. El desánimo me ha vencido porque veo el conformismo y la resignación. Veo que casi nadie lucha, que el enemigo es muy poderoso y que unos cuantos buenos jamás podremos vencerlo. Veo que la sociedad ama revolcarse en la mierda, veo que la suplantación de las conciencias ha funcionado. Ejércitos de zombis toman las calles. Ejércitos de personas se mueren mentalmente viendo la televisión, se dejan llevar por el río mortal del consumismo y la vanidad.
Los grupos de activistas alejados de esa gran puta llamada política, son un caos. Una masa de gente heterogénea que jamás logrará ponerse de acuerdo. El movimiento anarquista es una masa en eterno desacuerdo.
Sigo creyendo en Dios, nada cambiará eso, y no puedo seguir dándole la espalda, inventando qué es lo que quiere de mí a mi conveniencia.
A su vez, aún tengo muchísimos cabos sueltos, inconexiones, asuntos que no puedo llegar a comprender.
Desde pequeño me enseñaron dónde estaba la verdad. Un día dejé de creer que ahí estaba esa verdad. Y puede ser que no sea la verdad absoluta. Lo que sí es seguro es que no encuentro nada mejor y la ansiedad me crece, la angustia me mata.
Tengo una crisis ideológica y personal profunda. Dicen que toda crisis precisa de cambio para ser superada, que toda crisis requiere un cambio si es que crisis y cambio no son sinónimos.
Tengo tantas inconexiones que no puedo seguir tirando como si nada pasara.

El Vendedor de Versos.

viernes, 11 de febrero de 2011

El articulista

A nivel profesional estaba sumido en un mar de dudas. Semana tras semana sus artículos eran aplaudidos por muchos lectores y desacreditados por detractores a partes iguales. La crítica era la señal de que sus artículos no eran inocuos, que metían el dedo en la llaga y tocaban conciencias. Eran la alarma que recordaba al mundo que lo que habíamos construido hasta ahora se cimentaba en los pilares de la injusticia, que el capitalismo feroz y las nuevas tecnologías nos mataban la humanidad, el espíritu. En ocasiones encarcelado, juzgado y maltratado cuando indagó en asuntos políticos realmente turbios. Amenazado cuando se atrevió a investigar los oscuros movimientos de directivos y empresarios muy importantes.
El asunto, sin embargo, no era ese. Se sentía realizado al haber orientado su vocación periodística hacia fines útiles. La lucha verbal, la comunicación de verdades que intentan ahogar, el periodismo como medio de comunicación no como medio de control, de medias verdades, que casi siempre eran mentiras completas. A la vez, el desasosiego lo había ido consumiendo con el tiempo. Se sentía realmente deprimido al sentir que sus artículos eran pasatiempos. Que la mayoría los leía, y pensaba, qué razón y qué valor tiene este tipo, pero nada más. Y encontró estúpido luchar unilateralmente por cambiar un mundo que la sociedad resignada parecía no querer cambiar. La resignación y el conformismo, la falta de pensamiento, el egoísmo, sostener lo insostenible, la ignorancia y su alarde constante.
Ese desasosiego iba matando sus ganas, iba acechando contra su ímpetu hasta hastiarlo, y la depresión lo había tomado por completo.

La puerta se acababa de cerrar. El portazo y el nunca más de Lucía dibujaba un punto final imborrable. Enamorado desde hacía años, las citas pasionales con ella se sucedían de tarde en tarde. A veces desaparecía por largo tiempo sin previo aviso y otras aparecía cuando menos la esperaba. Sabía que perderla significaba el fin de sentir, el fin de un motivo, el fin de amar. Esta vez, en una de sus apariciones sorpresa, venía a comunicarle su compromiso con Juan Márquez, un rico empresario de la ciudad. El compromiso representaba un triste simbolismo. Si bien el conformismo general mataba sus ganas por seguir luchando, finalmente, Lucía cedía a casarse con un joven rico, a casarse con el poder, a cambiar un hipotético futuro basado en lo que estaba por llegar, en sueños nobles, por un presente práctico pero terrible, el triste acto de venderse, de cortarse las alas y no querer volar.
Una inmensa oscuridad tomó su ser, la luz que podía entrever se apagó y no vio más allá. La caja de antidepresivos se adueñó de su pensamiento, alargó el brazo y se tragó una dosis que quintuplicaba lo aconsejado.
Sin ganas de dejarle una carta de despedida al mundo, lo dejó. Románticamente, sufriendo un terrible dolor interno, el dolor de ceder ante la muerte, pero aún más el dolor de ceder a la desesperanza y de saber que el mundo entero está también muriendo y de que se conforma con vivir una lenta agonía voluntaria.

En memoria de Mariano José de Larra,

El Vendedor de Versos.