miércoles, 30 de marzo de 2011

Chau número tres

Te dejo con tu vida
tu trabajo
tu gente
con tus puestas de sol
y tus amaneceres

Sembrando tu confianza
te dejo junto al mundo
derrotando imposibles
segura sin seguro

Te dejo frente al mar
descifrándote a solas
sin mi pregunta a ciegas
sin mi respuesta rota

Te dejo sin mis dudas
pobres y malheridas
sin mis inmadureces
sin mi veteranía

Pero tampoco creas
a pie juntillas todo
no creas nunca creas
este falso abandono

Estaré donde menos
lo esperes
por ejemplo
en un árbol añoso
de oscuros cabeceos

Estaré en un lejano
horizonte sin horas
en la huella del tacto
en tu sombra y mi sombra

Estaré repartido
en cuatro o cinco pibes
de esos que vos mirás
y enseguida te siguen

Y ojalá pueda estar
de tu sueño en la red
esperando tus ojos
y mirandoté

El poema que me escribió para ti Mario Benedetti.

martes, 29 de marzo de 2011

Yo soy

Yo soy el de las medias tintas, el de los proyectos inconclusos, el de las promesas incumplidas. El que pronunció siempres que se convirtieron en nuncas, el que dijo síes cuando eran noes, el que prometió versos que jamás se escribieron.

Yo soy el egoísta complacido que tuvo a bien todo mientras no miró más allá de su ombligo. El que miraba con desdén el mundo entero y quemaba la basura de fuera sin buscar antes sus residuos dentro.

Yo soy el que aprendió sin saber muy bien cómo a distanciarse de su vida, como si sus actos no fueran con él. El que se sentía actor mientras todo era película hasta que se dio cuenta de que su sangre no era de mentira.

Yo soy el que busca en los espejos la mirada del niño que fue. Soy el que se siente solo más a menudo que el llanero solitario, el que llora por dentro y se ahoga en un vaso de lágrimas. El que esconde las inseguridades bajo un burdo disfraz de prepotencia, y que sabe además sin mirarse lo mal que le queda.

Yo soy el que no sabe amar y el que todavía no ha aprendido. Soy el que habla de amor y solo piensa de olvido. Soy el que hablaba de valores y amores perdidos, los mismos que traicionó uno por uno escondido. El tipo al que todo le importa un bledo, el que se autodestruía en los lavabos, el que vomitaba besos que no sentía sobre labios fríos que no respondían.

Yo soy el que recuerda a quienes se han olvidado de mí. Yo soy el que ha olvidado a todos los que me recuerdan.

Yo soy el que no le encuentra ningún sentido a este mundo.

Yo soy presente que quiere ser pasado para abrazar en paz al futuro.

El Vendedor de Versos.

viernes, 25 de marzo de 2011

La dictadura

Lejos ya del único canal televisivo de la dictadura, enciendo la pantalla y tengo a mi alcance cuarenta canales gratuitos. Igualmente monotemáticos y fraudulentos que hace cuatro décadas desde el NODO, hago zapping y encuentro una oferta insultante. Infinidad de opciones que van desde el más repugnante amarillismo al puro insulto de la dignidad y la inteligencia humana. El pueblo aplaude el contenido que a la dictadura le interesa difundir. El pueblo celebra mediante audiencias millonarias su programación. Y entiendo como programación también, la que se produce en la mentalidad social a través de la nutrición que su ocio proporciona. Y es que somos lo que comemos, y el cerebro también come. Y come mierda. Crían polvo los versos de los poetas en las estanterías. Crían malvas las utopías, las emociones y el amor.
Reinventada la dictadura, se refunda aún cuando está más que probada su invalidez. La dictadura global de los mercados y del sector financiero, del capitalismo desaforado, ha conducido a una crisis sistémica que requiere un cambio y no una burda serie de operaciones estéticas.
La dictadura repite mediante su infinita hipocresía el uso de guerras en nombre de la libertad. La misma libertad que predican, no es otra que la del cambio de dictadura que tanto interesa a la dictadura global. No es para nada sorprendente la resolución de la ONU si de un país árabe se trata, para iniciar una guerra descontrolada y con muertos civiles que nadie lamenta si sus cadáveres llevan marcados la firma de las Naciones Unidas. Mientras, Costa de Marfil también se desangra. Mientras, dictaduras criminales de amigos de occidente perpetran horrores en África y en Asia, en Suramérica, incluso en países de Occidente, en manos de gobernantes asesinos. Y siempre habrá atrocidades silenciadas si a la dictadura de los mercados interesa.
La educación mal llamada, se torna en instrucción formativa orientada al éxito y mantenimiento de la dictadura. Y las bases del cambio se vuelven inexistentes porque la base de las futuras generaciones ya está podrida.
Los brazos de la resistencia yacen cortados en arcenes. La juventud rendida y aletargada bajo el manto de las redes sociales y el consumo, bajo la indulgencia y la indiferencia regada de egoísmo, no habla ya de revolución, mucho menos de responsabilidad social. Qué lejos nos quedan Martin Luther King, Mandela o Ghandi.
Los artistas comprometidos pasaron a la historia y se venden por subir al pedestal de la dictadura. Su repercusión social solo es un vehículo, un medio que tiene como fin aumentar su codicia. Silencio y superficialidad a cambio de dinero.
Los movimientos políticos corruptos y enfermos de poder siguen riéndose mientras roban y permanecen sentados viviendo de los recursos de todos.
La dictadura de hoy se viste de libertad. Se viste y esconde tras las multinacionales, la banca y el sistema financiero. Se maquilla y se vende desde sus medios de comunicación.
Y nosotros, cómplices de sus espantosas obras y responsables de su continuidad, seguimos aplaudiendo, cambiando de canal si algo no nos gusta. Y ese es el acto de cambio más revolucionario que se lleva a cabo, sentado desde un sofá.

El Vendedor de Versos.

domingo, 27 de febrero de 2011

Viento polar

Afuera sopla y cuenta historias el viento polar. La calefacción le va ganando la partida al frío. El jazz ayuda a caldear el ambiente. El colchón es blando y parece que quiera absorberte en cuanto entres en un sueño profundo. Tengo unos libros amontonados encima de la mesa recordándome que tenemos cuentas pendientes. No tengo televisión. Tampoco tengo internet. Puedo leer, escribir o limpiar maniáticamente mientras pasa el tiempo muerto. Salir a correr hasta quedar exhausto por los impresionantes jardines reales. Volver. Entrar a mi casa escondida detrás del mercado municipal. Sentarme en el sofá y degustar versos que vienen desde Argentina.
En la calle las tiendas son pequeñas y todavía no terminan de faltarle el respeto a la memoria nostálgica de como fueron antaño. Aún se puede ir a comprar el pan y que detrás del mostrador te atienda un tendero de los de toda la vida. Las calles las recorren familias, domingueros y turistas. Los asadores se llenan y la atmósfera se niega a respirar de los aires de apocalipsis que venden los periódicos. Los pulmones aplauden el aire puro que los llena. El viento polar limpia las brumas mentales altamente contaminantes.
Ahora estoy donde sopla el viento polar, que tiene los días contados. Ahora estoy donde la primavera pide paso y llama tímidamente a la puerta de las estaciones pidiendo protagonismo. El mes de marzo me sirve en bandeja nuevos sabores de vida. Sabores que parecen dulces y terminan con un toque amargo que no tendrían si no te echara tanto de menos.

El Vendedor de Versos.

jueves, 17 de febrero de 2011

Notas olvidadas

"Mi patria son las palabras. Tal vez pueda concebir mi infancia como una patria que me queda lejana, el tiempo borra muchos recuerdos. Quizá ya no tenga bandera."

"La fe es un valor sólido que si no se alimenta se quebranta y acaba por morir. La mía se resquebrajó. Más pronto que tarde debería recomponerla con los pedacitos y las cenizas que guardo en los bolsillos."

"El llanto es la señal de que la conciencia sigue viva. Yo no lloro."

"Me gusta parar el mundo o pararme yo mientras se mueve el mundo. Y entre los vaivenes, los ajetreos y estreses, las aglomeraciones y las prisas, me pregunto: ¿Y todo esto para qué?"

"La humanidad nos hace humanos. La sociedad nos hace animales."

"Piensa en el coche de tus sueños. En la casa de tus sueños. La mujer de tus sueños. El viaje de tus sueños. Apaga la tele. ¿Has pensado en tus sueños?"

- Párate, párate. ¿Dónde vas?
- A ninguna parte.
- Vámonos, te acompaño. Al fin y al cabo iba a acabar yendo hacia allí.

"Los medios de comunicación incomunican".

"La belleza física la determina el brillo de la mirada".

"Dime con quién andas y te diré quién eres... Pero, si ando solo, ¿quién soy?"

"Es ruido el silencio y compañera la soledad."

"Pobre mundo mío que más que avanzar decrece, donde el amor es una sombra, donde la fe fenece".

"Nos venden hasta lo imposible, incluso nos hablan de la organización del caos y el éxito del fracaso."

La ambición del cobarde, la razón de la causa, la nariz herida,
el tiempo que fluye y huye la pausa.
La cordura del loco, las cuerdas que atan, corro si me equivoco,
lucho cuando me maltratan.
La infancia de una puta, el éxito de la derrota, amaneceres oscuros,
el rey es un idiota.

Corrígeme si me equivoco, me sabe a euforia la boca,
párame si me acelero, lo que hay no es lo que toca.
Vamos a tender puentes que nos lleven por tu camino,
derribaremos los muros, reinventaremos nuestro destino.

--------------------------------------------------------

Se auguran tiempo mejores, los peores ya se han ido.
Me tortura la idea de lo que no fue pero pudo haber sido.
No te disgutes conmigo, nadie sabe más de tus embustes,
haciendo con mis palabras el olvido.
Fui un trilero del verso, aún impaciente te persigo,
el ladrón de guante blanco merodeante por tu ombligo.

(Frases y notas que encontré, escritas entre 2009 y 2010)

El Vendedor de Versos.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Inconexiones

Un despertador inexistente alarmó la conciencia dormida. Y me recordó quién soy. No sé lo que quiero ser pero sí sé todo lo que no quiero llegar a ser. No puedo vivir sin fe, no puedo ceder a la independencia y al egoísmo. Yo mismo no puedo ser mi motor, porque solamente soy uno más y puedo morir mañana. Por más que desee, por más que me angustie este sistema, mi esfuerzo y mi lucha no podrán cambiar apenas nada. El desánimo me ha vencido porque veo el conformismo y la resignación. Veo que casi nadie lucha, que el enemigo es muy poderoso y que unos cuantos buenos jamás podremos vencerlo. Veo que la sociedad ama revolcarse en la mierda, veo que la suplantación de las conciencias ha funcionado. Ejércitos de zombis toman las calles. Ejércitos de personas se mueren mentalmente viendo la televisión, se dejan llevar por el río mortal del consumismo y la vanidad.
Los grupos de activistas alejados de esa gran puta llamada política, son un caos. Una masa de gente heterogénea que jamás logrará ponerse de acuerdo. El movimiento anarquista es una masa en eterno desacuerdo.
Sigo creyendo en Dios, nada cambiará eso, y no puedo seguir dándole la espalda, inventando qué es lo que quiere de mí a mi conveniencia.
A su vez, aún tengo muchísimos cabos sueltos, inconexiones, asuntos que no puedo llegar a comprender.
Desde pequeño me enseñaron dónde estaba la verdad. Un día dejé de creer que ahí estaba esa verdad. Y puede ser que no sea la verdad absoluta. Lo que sí es seguro es que no encuentro nada mejor y la ansiedad me crece, la angustia me mata.
Tengo una crisis ideológica y personal profunda. Dicen que toda crisis precisa de cambio para ser superada, que toda crisis requiere un cambio si es que crisis y cambio no son sinónimos.
Tengo tantas inconexiones que no puedo seguir tirando como si nada pasara.

El Vendedor de Versos.

viernes, 11 de febrero de 2011

El articulista

A nivel profesional estaba sumido en un mar de dudas. Semana tras semana sus artículos eran aplaudidos por muchos lectores y desacreditados por detractores a partes iguales. La crítica era la señal de que sus artículos no eran inocuos, que metían el dedo en la llaga y tocaban conciencias. Eran la alarma que recordaba al mundo que lo que habíamos construido hasta ahora se cimentaba en los pilares de la injusticia, que el capitalismo feroz y las nuevas tecnologías nos mataban la humanidad, el espíritu. En ocasiones encarcelado, juzgado y maltratado cuando indagó en asuntos políticos realmente turbios. Amenazado cuando se atrevió a investigar los oscuros movimientos de directivos y empresarios muy importantes.
El asunto, sin embargo, no era ese. Se sentía realizado al haber orientado su vocación periodística hacia fines útiles. La lucha verbal, la comunicación de verdades que intentan ahogar, el periodismo como medio de comunicación no como medio de control, de medias verdades, que casi siempre eran mentiras completas. A la vez, el desasosiego lo había ido consumiendo con el tiempo. Se sentía realmente deprimido al sentir que sus artículos eran pasatiempos. Que la mayoría los leía, y pensaba, qué razón y qué valor tiene este tipo, pero nada más. Y encontró estúpido luchar unilateralmente por cambiar un mundo que la sociedad resignada parecía no querer cambiar. La resignación y el conformismo, la falta de pensamiento, el egoísmo, sostener lo insostenible, la ignorancia y su alarde constante.
Ese desasosiego iba matando sus ganas, iba acechando contra su ímpetu hasta hastiarlo, y la depresión lo había tomado por completo.

La puerta se acababa de cerrar. El portazo y el nunca más de Lucía dibujaba un punto final imborrable. Enamorado desde hacía años, las citas pasionales con ella se sucedían de tarde en tarde. A veces desaparecía por largo tiempo sin previo aviso y otras aparecía cuando menos la esperaba. Sabía que perderla significaba el fin de sentir, el fin de un motivo, el fin de amar. Esta vez, en una de sus apariciones sorpresa, venía a comunicarle su compromiso con Juan Márquez, un rico empresario de la ciudad. El compromiso representaba un triste simbolismo. Si bien el conformismo general mataba sus ganas por seguir luchando, finalmente, Lucía cedía a casarse con un joven rico, a casarse con el poder, a cambiar un hipotético futuro basado en lo que estaba por llegar, en sueños nobles, por un presente práctico pero terrible, el triste acto de venderse, de cortarse las alas y no querer volar.
Una inmensa oscuridad tomó su ser, la luz que podía entrever se apagó y no vio más allá. La caja de antidepresivos se adueñó de su pensamiento, alargó el brazo y se tragó una dosis que quintuplicaba lo aconsejado.
Sin ganas de dejarle una carta de despedida al mundo, lo dejó. Románticamente, sufriendo un terrible dolor interno, el dolor de ceder ante la muerte, pero aún más el dolor de ceder a la desesperanza y de saber que el mundo entero está también muriendo y de que se conforma con vivir una lenta agonía voluntaria.

En memoria de Mariano José de Larra,

El Vendedor de Versos.

domingo, 6 de febrero de 2011

Saturday night fever

Salí del local al borde de un ataque de ansiedad. El gin tonic de Martin Miller parecía haberse multiplicado por diez dentro de mi estómago y me sentía muy mareado. Parece que a mi alrededor beban del elixir del futuro, ansiosos, como si entre los cubitos de hielo se pudiera encontrar algo que no he sabido encontrar. Matando la sed de la juventud a base de alcohol. La felicidad de los cuatro cubatas se disfraza de felicidad, pero sólo está vestida de inconsciencia. Yo quiero ser feliz siendo consciente, como dijo Pablo Hasél. Ya no quiero que la marihuana me evada, ni quiero que la cocaína me energice, ni que el alcohol me aturda. Me he cansado de ir de bar en bar, buscando a la poesía hecha mujer y de que jamás aparezca. No quiero recordar los besos que tiré borracho y que ni siquiera quisiste guardar en tus bolsillos de recuerdo. No quiero sentir nauseas al recordar con quién me fugaba hacia esquinas oscuras.
Hace frío y me gotea la nariz, vuelvo a entrar al local. La ola de calor de la gente enlatada me azota en una bocanada. Pasan hasta cuatro personas que me conocen, y hasta cinco que no me saludan.
La niña que recordaba jugando en el parque ya ha crecido y está borracha, se besa y se toca con un tipo cansado de hacer lo mismo con una distinta cada fin de semana.
La camarera palia sus desalientos magnificando su escote, pero sabe que los piropos de los borrachos jamás podrán curar su espíritu.
El borracho del pueblo hace el ridículo en la tarima. Si alguna vez despierta de su sueño de alcohol que ya dura décadas y busca entre sus manos algo de valor, arrojará su cuerpo al camión de la basura.
Y yo miro abstraído y solo, rodeado de noctámbulos, sintiendo que pasaron todos los vagones llenos de grupos de gente y que no me subí a ninguno. Que seguirán pasando vagones llenos de gente y que no voy a encontrar mi sitio y no sé si quiero encontrarlo. Difusos, apenas como un borrador escrito con vagos trazos, quedan los años en los que las primeras borracheras me sabían a libertad. Los momentos en los que sentados fuera, pasando frío, al lado de un pub de mierda imaginábamos futuros y los proyectábamos como castillos en el cielo, yo no me quejo, pero ya nos hemos pegado tremendas hostias, que matan para siempre como tirarse desde un rascacielos.
El maldito reloj sigue corriendo tan rápido que apenas me deja saborear la nostalgia que me queda, y llorarla a gusto con mi almohada. Quizá todos estamos muertos desde que perdimos la inocencia on Saturday night fever.

El Vendedor de Versos.

lunes, 31 de enero de 2011

Mis textos

Mis textos no son ingeniosos juegos de palabras. Tampoco intento vender películas que jamás he visto, me vería incapaz de contarlas. Escribo lo que vivo, lo que siento, y esas palabras no están escritas para que las leas y nada más. Están escritas para que las pienses, para que tengas en cuenta que ellas transportan como arterias lo que sangra mi alma.
Asimismo me descargan y dejo en ellos el peso que mi conciencia y mis nostalgias jamás podrían soportar. Me recuerdan como fotografías momentos que olvidaría o que almenos no recordaría con tanta nitidez sino fuera por los detalles que un día me decidí a plasmar por muy instrospectivos que fueran. Me miro en ellos como si fueran un espejo. Es más, son un espejo. En ellos percibo como evoluciono, no a mejor ni a peor sino a diferente. Pero si de algo puedo sentirme orgulloso es de pensar, de no haber dejado nunca de escribir porque eso significaría que mi espíritu y mi creatividad han muerto, que las vías de escape para no formar parte de la masa homogénea y drogada se me escaparon.
Hay muchos protagonistas diferentes en mis textos. Algunos que se lo merecen más otros que se lo merecen menos. Pero si están ahí es porque rozaron un intensidad insoportable en mis pensamientos que debía fluir y estallar en algún lado.
Pero son mis ansiedades sobre todo lo demás, las protagonistas de todo cuanto he escrito. La búsqueda de la propia identidad, la soledad, la muerte, la nostalgia insoportable, la fugacidad del tiempo, el amor hacia los recuerdos, las personas que pasan y no vuelven, la sociedad y el deplorable sistema que hemos construido, la frialdad de mis sentimientos, mis inseguridades, la lucha entre la fe y la razón...
Vuelvo la vista atrás y me guío a través de mis textos para recordar, recapacitar y pensar.
Ahora mis textos te hablan a ti, que me sigues tras la sombra, que desapareces. Te adueñas de ellos, copas toda mi inspiración. Pero ya no siento ansiedad por perderte. Sé que no es lo que tú quieres, ni es lo que quiero yo. Créete que eres para mí lo que tú quieras ser. Mientras sigues escondida, quiero que sepas que soy capaz de escribirte más, más y más, hasta que tú me digas, y que te escribiría tanto como me pidieras si con eso vuelves a aparecer.

El Vendedor de Versos.

lunes, 10 de enero de 2011

Quisiera

Yo quisiera rescatarte y a la vez que tú me rescataras a mí. Sacarnos ambos del extraño viaje hacia ninguna parte al que Bunbury le hizo canciones. Auparnos sobre todas las cosas con aquellas que invisiblemente nos unen desde hace años. Traducirnos sin palabras los silencios y los pensamientos inconexos que nos recorren cuando nos pensamos. Unirnos sin nombres ni fechas de caducidad, sin mirar tampoco al qué pasará o al qué dirán, para vivir un presente sólo nuestro.
Yo quisiera que tú quisieras.

El Vendedor de Versos.

jueves, 30 de diciembre de 2010

Yo era su persona, ella era supersónica

-Y ahora te diré… que estoy enamorado de ti. Pero… tal y como están las cosas, no estoy aquí para meter por la fuerza mi alma retorcida en la tuya.

- Ya lo sé…

- Sabes que soy un borracho, y yo sé que tú eres… supersónica.

Supersónica de Charly Efe.

Una vez más, cuando nuestros tiempos muertos se alían, estamos frente a frente.

Empieza otra partida en nuestro juego. El juego en el que hasta ahora siempre gana la cabeza al corazón. Sabemos que podemos construir un mundo en pocas horas, que podemos aislarnos de la rutina más soporífera para contarnos las cuatro cosas típicas. Frases típicas y tópicas que no suenan por encima de ese silencio que pregunta a gritos dónde están nuestros besos, esos que jamás nos dimos. Ese silencio que está tan desconcertado como nosotros.

Cuántas veces inventamos cómo sería nuestra historia. Tanto lo habremos pensado que parecemos vivir vidas paralelas sin censuras ni barreras. Ya te he hecho el amor no sé cuántas veces, he escrito versos por todo tu cuerpo, te he prometido hasta el cielo, y eso que las promesas no se me dan bien.

Si no he sido valiente y me ato al conformismo es porque aún me satisfago con refugiarme de todo mientras tomamos un café, que tu mirada me salve de la calle gris, de las caras lánguidas, que tu risa acabe con el frío de mis manos. No me canso de que me recuerdes cuáles son tus ataduras, no comprendo sin embargo, que sigas sometiéndote a una cárcel que no te conviene. Pero sé que no estoy en condiciones de ser tu libertad, de ser tu felicidad, aunque no deseo nada con tantas ansias.

Parece que Quique González nos haya escrito canciones, parece que te tengo en las tardes de León aunque estés tan lejos, mientras me tumbo a escucharlas y dejo que pase el tiempo.

Y a veces me sobreviene el miedo. El miedo que explica por qué soy tan cobarde y por qué tú me secundas. El miedo a que el encanto de nuestras tardes se rompa si todo cambia, el miedo a que rompas las cadenas y después nada tenga sentido.

Jamás he soportado el conformismo y ahora me aferro a él. Reconozco que inmerso en este mar de dudas estoy a punto de ahogarme, pero aún me fío del tiempo que a través del viento me prometió una noche, medio inconsciente de whisky que un día sería diferente. Desde ese día me limito a esperar.

El Vendedor de Versos.

sábado, 25 de diciembre de 2010

Aquí

Es el escenario más deprimente de mi vida, aunque antes no lo fuera. Me recuerda todo lo malo, llevándose de un plumazo todo lo bueno, con una parcialidad e injusticia estremecedora. Mas así ocurre y no puedo evitarlo. Surgen los fantasmas que creí enterrados, una indiferencia aterradora me toma por completo, ganas de esconderse, de no salir ahí fuera. No quiero ver a nadie, no añoro nada, no concibo más patria que los escasos metros cuadrados que ocupa mi casa ni amo otra figura que no sean mis padres.
Escruto gélidamente los recuerdos, los despojo sin piedad de toda carga nostálgica y me autoconvenzo de que nada merece la pena aquí.
Me despierto por la mañana, pero no me levanto. Sonrío pero no me divierto. Pienso pero no comprendo.
No puede ser bueno no sentir apego alguno hacia tus raíces. No puede ser bueno no sentir apego hacia tus recuerdos. Pero es así y solo quiero enterrarlos, y no hacen más que revolverse en sus tumbas y recordarme que sí, que están enterrados, pero siguen vivos en sus ataúdes.
Hay quien maldice a la distancia y a la soledad. Yo las erijo amigas.
No habrá nadie tan ingrato con sus recuerdos como yo, nadie que pueda cargarse a la nostalgia sin remordimientos. No estoy bien aquí.

El Vendedor de Versos.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Tus desapariciones

Tus desapariciones no son tales a decir verdad. Son cambios de canal y de sintonía. Del programa de mis recuerdos al programa de tus presencias contadas.
No mereces ser tan protagonista en las idas y venidas de mi nostalgia compulsiva. Sigo atado a los fetiches que me trasladan al ayer los momentos de hace años.
Si ya de por sí me aterra el paso veloz e imparable del tiempo, más me aterran los cambios que pueda producir en ti. Está claro que me da miedo agarrar el toro por los cuernos y dejar de andarme por las ramas para contarte tu papel en mi obra teatral vital. Podría echarte en cara que no quisieras tomar el papel de protagonista y asumir que te quedaras apenas con un papel secundario, o casi como extra de alguna escena.
Puedo asegurarte sin embargo, que eres la actriz secundaria que más me ha marcado, protagonista única e inolvidable en algún capítulo de mi vida que conservo intacto.
Si aún me das señales y si todavía nos llamamos será por algo. El mismo miedo tienes tú a identificar ese algo, que yo a escribir un texto honesto y claro sobre ti.
Echo de menos un solo día de mi vida en el que tú estabas y me abruma ser tan inocente como para seguir recordándolo. Será porque nadie me ha enseñado una ciudad como tú, porque conservo en la memoria tu vestido de verano, tu libro de Huxley, el aroma de palomitas, el sabor del blue ice, y los besos que no te di pero quise darte.
Qué decirte, si me gustan de ti hasta tus desapariciones, hasta que te rías de este texto cuando lo leas, por desnudarte mis nostalgias y saber sin querer asumirlo que no las compartes.

El Vendedor de Versos.

domingo, 24 de octubre de 2010

Recortes en el Lago Ness.

Hemingway y Sabato.

Me esperan Hemingway y Sabato en la mesita de noche, mientras pierdo el tiempo bebiendo fuera haciendo apología del derroche.
Y pienso que para que me quieras por siempre sólo me basta esta noche, un vinilo de jazz, versos escritos en tus pezones, lujuria en los sofás, la autodestrucción reconstruida y hecha canciones.

Clásico.

Lo clásico es aquello que no se puede hacer mejor y efímero fue el tiempo que duró nuestro amor. No vuelvas a vestir de verdad tus caprichos. Entierra los recuerdos de Barcelona, he construido para ellos cientos de nichos. Fueron testigos de lo nuestro las paradas del metro, y testificaron sobre el final del trayecto los reproches, pidiendo rescate como si fuese un secuestro. Ódiame y cásate, me desintoxicaré con metadona, pero sé que nunca olvidarás aquellos besos en Urquinaona.

Arte.

No concibo nada mejor que convertir en arte todo este dolor. Soy consciente de que el desaliento sólo es un rumor que palpita dentro impaciente. Asegúrame tus noches que yo te daré mis días, algo parecido creo recordar, era lo que me prometías.

El Vendedor de Versos.

martes, 12 de octubre de 2010

Casa Natalio

Y la niña miraba la pantalla de televisión expectante. Su madre azuzaba para que estuviera atenta cuando saliera la princesa, el principito, los reyes y los soldaditos.
Me refugio en el aroma de mi café, anoche me bebí media botella de Jack y esta mañana me estaba respetando la resaca como casi siempre. Miro a mi alrededor y a parte de las portadas de los diarios deportivos nada más, y pienso que el mundo sería distinto si leyera poesía por las mañanas en lugar de ojear las memeces de Guasch o Roncero.
En otra mesa cinco jubilados echaban la partida mañanera entre carajillos de Magno, mirando de reojo el desfile, uno gruñendo contra el presidente y otro alabando al campechano Borbón.
Tras la barra un verdadero patriota tira del negocio en día festivo, y su hija prepara la mejor tortilla de patatas de la ciudad de León entera.
La niña se decepciona al ver un rey tan viejo y tan caduco aposentándose con su séquito a ver pasar pistolitas y soldaditos. Y más aún al ver un príncipe con cara de bobo y a una plebeya real que lo acompaña, la antítesis de Disney, pensará la pobre. Suena el himno, se iza la bandera y los españolitos observan orgullosos el día en que se exhibe el derroche de los impuestos que pagan.
Lo mejor es que ni siquiera me agita que aún se aplauda el día de la Hispanidad, apenas me provoca espanto nada. Y soy mucho más feliz así.
Marcho de Casa Natalio y me voy a San Marcos, saldré a correr un rato, el frescor de la mañana en León me purifica, apenas hay movimiento en las calles.
Esta mañana estoy contento.

El Vendedor de Versos.