Yo soy el de las medias tintas, el de los proyectos inconclusos, el de las promesas incumplidas. El que pronunció siempres que se convirtieron en nuncas, el que dijo síes cuando eran noes, el que prometió versos que jamás se escribieron.
Yo soy el egoísta complacido que tuvo a bien todo mientras no miró más allá de su ombligo. El que miraba con desdén el mundo entero y quemaba la basura de fuera sin buscar antes sus residuos dentro.
Yo soy el que aprendió sin saber muy bien cómo a distanciarse de su vida, como si sus actos no fueran con él. El que se sentía actor mientras todo era película hasta que se dio cuenta de que su sangre no era de mentira.
Yo soy el que busca en los espejos la mirada del niño que fue. Soy el que se siente solo más a menudo que el llanero solitario, el que llora por dentro y se ahoga en un vaso de lágrimas. El que esconde las inseguridades bajo un burdo disfraz de prepotencia, y que sabe además sin mirarse lo mal que le queda.
Yo soy el que no sabe amar y el que todavía no ha aprendido. Soy el que habla de amor y solo piensa de olvido. Soy el que hablaba de valores y amores perdidos, los mismos que traicionó uno por uno escondido. El tipo al que todo le importa un bledo, el que se autodestruía en los lavabos, el que vomitaba besos que no sentía sobre labios fríos que no respondían.
Yo soy el que recuerda a quienes se han olvidado de mí. Yo soy el que ha olvidado a todos los que me recuerdan.
Yo soy el que no le encuentra ningún sentido a este mundo.
Yo soy presente que quiere ser pasado para abrazar en paz al futuro.
El Vendedor de Versos.