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viernes, 1 de agosto de 2008

¿Quién eres?

Buscando todavía el motivo de cómo y por qué había llegado hasta esa surrealista terapia de grupo, llegó su turno.

Minutos antes inspeccionaba con inquietud a sus estrafalarios compañeros. El espantoso catálogo de individuos que conformaban el grupo, comprendía desde un esquizofrénico con impulsos asesinos, hasta un hombre que sin serlo ni esforzarse por parecerlo, se comportaba como una mujer. Más bien una penosa mezcla entre una gallina y una mujer. Sus esfuerzos para actuar como una fémina resultaban lastimosos. Tanto que cualquier persona corriente hubiera sentido vergüenza ajena al observar sus sobreactuados ademanes y su habla de cacatúa desplumada.

Eso por no hablar de quién se suponía, debía ayudarles a vencer o corregir las “conductas contrarias al bienestar de la comunidad” que manifestaban sus pacientes.

El psicólogo era un hombre sesentón de imagen descuidada. Lo revelaban sus desordenados cabellos grises de científico tocado, una mirada de entre lunático y psicópata sumado a un comportamiento grotesco. Sin embargo, aquel hombre parecía ser el centro de todos ellos, y se erigía como un dios para aquel rebaño de chiflados.

- Cuéntanos algo sobre ti, ¿quién eres Daniel?

- Bien… Mmm… Soy asistente ejecutivo y…

- No he preguntado a qué te dedicas. Sólo quién eres tú.

- Ah, de acuerdo -balbuceó-. Bueno… Soy un buen tipo, me gusta jugar a tenis…

- No, no. Tus hobbies no. Es algo más sencillo –dijo con una sonrisa de comprensión y simplicidad- ¿Quién eres?

Cansado de que ninguna de sus respuestas le pareciera buena, preguntó:

- ¿Me podría dar un ejemplo de lo que considera como una buena respuesta a su pregunta?

Mirando al compañero de terapia de actuaba como mujer-gallina, preguntó:

- ¿Tu qué dirías?

Le hizo una mueca burlona y empezó a reír, cuando el psicólogo le volvió a inquirir, con una sonrisa sarcástica pintada en los labios:

- ¿Estás preguntando a los demás quién eres?

Como una onda expansiva, las carcajadas alcanzaron a todo el grupo. Risotadas a costa del nuevo de la terapia.

Daniel estaba molesto. Le recorría el cuerpo un sudor frío, nervios de rabia. Unos personajes como recién secuestrados de un manicomio se lo pasaban en grande riéndose de él. Rojo de ira, y con un tic nervioso que hacía que no parara de mover su pie, volvió a intentar contestar la dichosa pregunta:

- No, no… No sé, soy un tío accesible, que confía en…

- Daniel, no describas tu personalidad… Sólo dime quién eres.

- ¡¡ No sé qué quieres decir con esa maldita pregunta!! ¡No me gusta mi trabajo; odio a mi jefe y odio tener que ir detrás de él todo el santo día; no me llena conducir un buen coche, ni tener una casa grande para mi solo; estudié la carrera de empresariales porque mis padres me presionaron argumentando que así sería alguien en la vida; no tengo tiempo para mí, no pienso demasiado en los demás, y en definitiva, detesto la vida que llevo!!

- Bien Daniel, por fin. Ahora sí sabemos quién eres.

El Vendedor de Versos.


Inspirado en la primera sesión de terapia de grupo de Dave en la película "Anger Management" (Ejecutivo agresivo)